Vive ahora…momento a momento

 

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Ser concientes de que todos tenemos dignidad

Esta página se la dedico a un amigo, que hace cuestionar a más de una persona , la incapacidad que tenemos muchas veces los humanos de ver el dolor y el sufrimiento en el otro, lo resignados y ciegos que vamos a diario cargando nuestros problemas, tanto así, que nos volvemos sólo espectadores y en ningún caso, partícipes de ayudar a otros. 

Por variados motivos y justificaciones no queremos ver lo que nuestra humanidad a diario esquiva, nuestra vista trata de mostrarnos esa realidad pero en ese momento, desconectamos nuestros ojos de nuestro sentir y decimos ” voy muy apurado o no me corresponde… “que otros se hagan cargo” o que simplemente “que Dios se apiade y lo ayude”

Nos olvidamos de que ese Dios al que le cargamos esa responsabilidad, está en cada uno de nosotros y que simplemente no escuchaste tu corazón, dejaste que otros hicieran la ayuda por ti, y la mayoría de las veces dejamos a otros que hagan lo que por deber nos toca hacer….

Ese amigo de quien les hablé en un principio, fué un perrito de la calle que, agotado del dolor, se recostó a decanzar en una esquina de las calles más concurridas de Santiago: Providencia con Pedro de Valdivia, estas Avenidas son conocidas por sus tiendas y por pertenecer a una de las comunas con un poder adquisitivo importante.

Este amigo de, cuatro patas, conocido por ser “el mejor amigo del hombre” , cargó una gran herida en su cuerpo por mucho tiempo, ya que la herida así lo constataba; tal vez se acercó a ti, pero tu no lo viste porque estabas apurado (a), bueno…, yo si me acerqué, y pedí ayuda por el; con mi lenguaje, otros acudieron en su  ayuda, y ocurrió de pronto que tres personas que por primera vez  intercambiabamos palabras uniéramos nuestro corazón para dar ayuda sin pedir nada a cambio. Valentina, David y yo le devolvimos la dignidad y el cariño, logramos llevarlo al veterinario más cercano, pero no se pudo hacer nada más, porque esas heridas eran sólo un reflejo de lo que pasaba por dentro que era mucho peor; tan sólo quedaba entregarle el descanzo de que abandonara su cuerpo por medio del sueño, sin dolor…con la dignidad que todo ser vivo se merece.

Esa responsabilidad de ver el sufrimiento de nuestros “hermanos menores” es de todos, cuidarlos es nuestra responsabilidad, sentir lo que el otro padece es un espejo de nuestra escencia, porque, si te piden ayuda, es como si tu la pidieras, si sientes dolor yo también siento dolor,  porque todos somos uno… pertenecemos a la misma energía pero además somos únicos e irrepetibles ya que no hay nadie igual a ti ni a mi, ni a perro, somos millones de irrepetibles que conformamos este maravilloso planeta. Si tu materia desaparece no hay nadie ni nada que la pueda reemplazar pero, esa energía del espiritu vuelve al universo para seguir siendo universo.

Isy

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