Mundos dentro de mundos

3 06 2009

Mundos dentro de mundos u hechos paranormales parecen acontecer en algún lugar, en el límite de la realidad, como si entráramos en contacto con otro plano de existencia. ¿Acaso podemos hablar propiamente de una “dimensión desconocida”?

Hace casi un siglo, el reverendo Edwin Abbott escribió un libro titulado Flatland, “A Romance of Many Dimensions” (País llano, una novela de muchas dimensiones). Flatland era un mundo de dos dimensiones, una superficie llana sobre la que seres de diversas formas geométricas se deslizaban, sin abandonar nunca ese mundo o imaginar siquiera que pudiera existir algo distinto. La vida transcurría plácidamente en Flatland hasta que, un día, un habitante común, un cuadrado, tuvo una experiencia paranormal: una visita de un ser del Más Allá. Lo que estaba viendo era un cuerpo tridimensional, una esfera, pero cuando el objeto penetró en Flatland sólo percibió su sección transversal, es decir, un círculo. El visitante abrió los ojos al cuadrado haciéndole ver la superficie llana en que vivía y la posibilidad de la existencia de una tercera dimensión. Cuando el cuadrado volvió a casa nadie quería creerle y fue encarcelado por considerársele una amenaza para la sociedad. Muchos científicos medievales y no pocos investigadores modernos han pasado por situaciones semejantes. ¿Qué sentiríamos si fuéramos habitantes de Flatland? Su mundo es tan real para ellos como el nuestro para nosotros.

Pueden deslizarse adelante, atrás y a los lados siempre en el mismo plano, pero no tienen idea de lo que es “arriba” y “abajo”. Tales palabras no existen en Flatland. Nosotros, con nuestro conocimiento de una tercera dimensión del espacio, podríamos hacerles todo tipo de jugarretas a los habitantes de Flatland: colgar sobre ellos objetos de diversas formas y proyectar sombras en la superficie moviendo la luz de aquí para allá a fin de que las sombras cambiaran rápidamente de forma y resultaran terroríficas. La población de este mundo bidimensional vería un ser extraordinario que va cambiando de forma y que, de pronto, desaparece. Los OVNIS y la cuarta dimensión Sin embargo, los amigos que no hubieran presenciado estos hechos no los creerían fácilmente. Las personas que han entrado en contacto con OVNIS han tenido el mismo problema. Y, sin embargo, es posible que los OVNIS y las “apariciones” de todo tipo no sean sino “proyecciones” tridimensionales de seres que existen en un espacio de cuatro o más dimensiones; un espacio que nos es imposible percibir o imaginar y que sólo podemos comprender en abstracto. Existe varios datos que indicarían que algunos Ovnis no son extraterrestres, sino interdimensionales. Cuando una esfera atraviesa Flatland, los habitantes de ese país sólo pueden percibir su sección transversal: es decir, un disco que es primero un punto y va creciendo hasta llegar al diámetro completo de la esfera para volver a “encogerse” cuando la esfera termina de pasar.

Un objeto diferente, como por ejemplo un cubo, daría lugar a apariciones de formas y comportamiento diversos. Del mismo modo, al atravesar una “hiperesfera” o un “hipercubo” de cuatro dimensiones, nuestro universo tridimensional -uno de los muchos que los seres tetradimensionales podrían percibir-, daría lugar a apariciones que serían su “sección transversal” tridimensional. Crecerían, disminuirían, cambiarían de forma, se romperían en fragmentos y seguirían cursos erráticos de acuerdo con la complejidad de la forma del objeto tetradimensional y su movimiento en el espacio superior. A todos nos cuesta comprender que nosotros, al igual que los habitantes de Flatland, acaso captemos sólo una pequeña parte de la realidad. Estaríamos de acuerdo en que los conceptos de realidad de los habitantes de Flatland son incompletos, mientras que quizá pasáramos por alto el hecho de que los nuestros pueden resultar igualmente incompletos sólo porque nuestra experiencia de la realidad está limitada por la extensión de nuestros cinco sentidos. La teoría de la relatividad de Einstein predijo el espacio curvo, el tiempo relativo y los agujeros negros. Algunas de estas predicciones han sido confirmadas, pero aún no podemos atribuirnos ninguna capacidad para visualizar tales fenómenos. Creemos que los científicos saben de lo que están hablando con sus horizontes limitados y agujeros de gusano en el espacio, y renunciamos a ulteriores análisis. Bastantes problemas nos plantea el llegar a un acuerdo sobre la realidad que podemos percibir. Sin embargo, los seres humanos consiguen a veces escapar y visitar otras dimensiones: El campo de mi visión empezaba a ensancharse… Podía distinguir las paredes de la casa. Al principio parecían muy oscuras y opacas, pero luego llegué a distinguir las paredes de la vivienda vecina. Inmediatamente éstas también se convirtieron en luz y desaparecieron, fundiéndose como nubes ante el avance de mi visión. Ahora podía ver los objetos, muebles y personas de la casa vecina tan fácilmente como los de la habitación en que me hallaba… Esta experiencia le ocurrió en 1844 a un joven americano que apenas sabía leer y escribir, llamado Andrew Jackson Davis, “el vidente de Poughkeepsie”. Continúa describiendo cómo, después de ser hipnotizado por el sastre del pueblo, sus percepciones “aumentaron” hasta que pudo ver “los cerebros, las vísceras y la anatomía completa de animales que en aquel momento estaban durmiendo o rondando por los bosques”. En las numerosas sesiones que siguieron, aplicó a usos prácticos la información que adquiría a través de la clarividencia: hizo diagnósticos médicos a distancia, anticipándose en 60 años a la labor de su compatriota Edgar Cayce, y finalmente adquirió los conocimientos necesarios para escribir 27 libros, entre ellos The great harmonia (La gran armonía), en cinco volúmenes. Mediums y bancos de memoria Edgar Cayce (1877-1945) era otra persona que parecía capaz de tener acceso a una gran cantidad de información sobre temas que iban desde la Atlántida, el antiguo Egipto y la reencarnación hasta curas para prácticamente todas las enfermedades conocidas. Podía hacer a distancia una descripción detallada de sus pacientes incluyendo, por si fuera poco, datos relativos a su vida pasada y futura. Sin embargo, en más de 14 000 sesiones en las que una voz anónima se hizo cargo del cuerpo de Cayce durante sus trances autoinducidos, hay poquísimas indicaciones referentes a cómo actuaba. Se hicieron referencias a “el plano interno-intermedio” que aparentemente todos ocupamos mientras esperamos reencarnamos, y a “reinos donde puede obtenerse información”. Gérard Croiset, el curandero clarividente holandés, era más locuaz acerca de sus viajes a través del tiempo y el espacio. “Primero -decía- veo como una niebla. Esta niebla, igual que en un papel impreso, se compone de puntitos.” Cuando estaba suficientemente interesado en el caso, los puntos formaban líneas. Esto, aclaraba; era la “primera dimensión”, y a veces sus visiones no pasaban de ahí. Sin embargo, cuando se sentía particularmente identificado con el caso, las líneas se cruzaban y empezaban a formar figuras bidimensionales, igual que las fotografías. Por último, si estaba en plena forma, las imágenes cobraban vida. El sacerdote y curandero checosvolaco Frantisek Ferda puede hacer diagnósticos y prescripciones muy precisos a distancia, llegando hasta la cifra de 35 por día. También identifica la causa de la enfermedad: si se debe a ingerir alimentos en mal estado, a un escape de gas de una estufa o incluso a accidentes que ocurrieron a los antepasados del enfermo. “Desciendo y entro en una especie de archivo de donde tomo los datos que necesito”, dice. Ferda está. Convencido de que este “campo de información” contiene un registro completo de los acontecimientos, ideas y pensamientos pasados. Mientras adquiere estos conocimientos, sus sentidos no perciben absolutamente nada, excepto el sonido. A diferencia de Davis, Cayce y Croiset, Ferda no ve. A él le parece que su información, tan precisa, acerca de las diversas partes del cuerpo del paciente se la comunican al oído. La mención de este “archivo” hace pensar en los “registros akásicos”, que se cree contienen una reseña completa de la historia del Universo y que se hacen visibles a mediums en trance. El psicólogo doctor Zdeñek Rejdák ha afirmado que la existencia de tan amplio campo de información es una “realidad objetiva”. Actualmente parece innegable que algunas personas son capaces de recoger información a través del espacio y del tiempo, a pesar de que el medio por el que estos datos son almacenados y transmitidos sigue siendo un completo misterio. El doctor Rejdák pretende que ya es posible “recrear” acontecimientos pasados contactando el campo de información. Está convencido de que una comprensión más completa de ello ayudará a explicar diversos fenómenos, incluida la reencarnación. Se trata sin duda de un campo extremadamente prometedor para la investigación futura de lo paranormal. Pero junto a estos fenómenos mentales y espirituales hay una prueba más tangible de la existencia de la comunicación a través de otras dimensiones. La aparición y desaparición de objetos y personas en circunstancias misteriosas ha sido relacionada también con la idea de “espacios superiores”.


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