FERNANDO VALLEJO…HUMANIZANDO

Fernando Vallejo nació en Medellín, Colombia, el 24 de octubre de 1942. Es biólogo de profesión, pero su vocación es más la de un humanista: escritor, músico, director de cine y especialista en ciencias y en gramática. Desde hace más de 30 años vive en México, donde ha dirigido varias películas, aunque en su narrativa vuelve a su problemática y violenta Colombia natal.

 

Obra: Ha publicado El mensajero (1991) y Chapolas negras (1995), biografías de los poetas colombianos Porfirio Barba-Jacob y José Asunción Silva, respectivamente. También una extensa saga autobiográfica en seis libros titulada El río del tiempo (1986-1993). Pero es recién con su novela La Virgen de los sicarios (1998), fundadora de la llamada “sicaresca colombiana” que alcanza el reconocimiento general como escritor. A ese libro siguieron las novelas El desbarrancadero (2001), ganadora de la última edición del premio Rómulo Gallegos, La Rambla paralela (2002) y Mi hermano el alcalde (2004) .

 

Otros libros: Logoi, Una gramática del lenguaje literario (1983), La tautología darwinista (biología, 2002) en el que refuta las tesis del evolucionismo, y La puta de Babilonia (2007) sobre la iglesia Católica.

    POR LA VIDA

 Discurso de Fernando Vallejo al recibir el Premio Rómulo Gallegos

Fernando Vallejo , autor de La Vírgen de los Sicarios y El desbarrancadero, donó los 100 mil dólares del Premio Rómulo Gallegos a los perros abandonados de Caracas.
Y no sólo eso, en su discurso ante la academia venezolana esgrimió una de las defensas más intensas por los derechos de los animales , contra la hipocresía de las religiones y los valores morales de nuestra sociedad.Es un discurso que vale la pena leer por su fuerza, rabia y por la virtud de decir con voz muy alta que
 
“Al excluir a los animales de nuestro prójimo Cristo se equivocó. Los animales, compañeros nuestros en la aventura dolorosa de la vida sobre este planeta loco que gira sin ton ni son en el vacío viajando rumbo a ninguna parte, también son nuestro prójimo y merecen nuestro respeto y compasión. Todo el que tenga un sistema nervioso para sentir y sufrir es nuestro prójimo.”. 
                                                         Caracas, 2 de agosto del 2003
Amigos que me acompañan esta noche tan notable de mi vida:Como ustedes, o la mayoría de ustedes, yo nací en la religión de Cristo y en ella me bautizaron. Pero en ella no me pienso morir. Si Cristo es el
paradigma de lo humano, la humanidad está perdida.
En el evangelio de San Mateo está la parábola de los labradores del campo: que el dueño de la tierra les paga al final del día igual a los que
contrató al amanecer que a los que contrató a mediodía o al anochecer. Y cuando los que llegaron al amanecer se quejan y le dicen: “Patrón, ¿cómo
nos vas a pagar igual a los que trabajamos diez horas que a los que no trabajaron ni una”, el patrón les contesta: “Los contraté por tanto y eso
les estoy pagando, ¿de qué se quejan?”
Con lo viejo que estoy y lo mucho que he vivido nunca he podido entender esta parábola. Se me hace inconsistente, caprichosa, y su personaje un
arbitrario. A los que llegaron al final del día les tendría que haber pagado menos, ¿o no? O más a los que llegaron temprano. Pero como él era el
dueño de la tierra y el que ponía las condiciones… ¿Hay que trabajar, o no hay que trabajar? ¿Hay que contratar, o no hay que contratar? El mensaje
de la parábola no está claro. ¿Qué dirán de ella los comunistas? Me hubiera gustado que Castro se la hubiera comentado al Papa.
Yo, si les digo la verdad, no soy partidario de darles trabajo a los demás porque después dicen que uno los explota. Y me pongo siempre, por
predisposición natural, del lado del patrón y no de los trabajadores. ¡Ay, los trabajadores! ¡Qué trabajadores! Viendo a todas horas fútbol por
televisión, sentados en sus traseros estos haraganes. ¡Que les de trabajo el gobierno o sus madres! O la revolución, que es tan buena para eso. Y si no vean a Cuba, trabaje que trabaje que trabaje. En Cuba todo el mundo trabaja. ¡Pero con las cuerdas vocales!
Pero volvamos a Cristo y a su parábola. ¿No está reflejada en ella la prepotencia de Dios, que da según se le antoja, según su real gana? ¿Que a
mí me hace humano para que aspire a la presidencia, y a la rata la hace rata para que se arrastre por las alcantarillas y a la culebra culebra para que se arrastre por los rastrojos? A ellas les está dando menos que a mí.
¿Por qué? ¿O no será que es al revés, que a mí da la carga, el horror de la conciencia? Si es éste el caso, entonces la injusticia la está cometiendo
conmigo y no con ellas.
También está en los evangelios el episodio de los mercaderes del templo a quienes Cristo expulsó furioso a latigazos porque estaban vendiendo adentro sus baratijas. Si Cristo no quería que los mercaderes comerciaran en el templo, ¿por qué no los hizo ricos para que no tuvieran qué trabajar? ¿O
por qué no les dio local propio, una tienda? ¿No era pues el hijo del Todopoderoso? ¡Le habría podido mover el corazón a su papá! ¿Y cómo es eso
de que el paradigma de lo humano pierde los estribos y se deja llevar por la rabia? En México dicen que el que se enoja pierde. Yo no sé.
¿Y por qué resucitó a Lázaro y sólo a él y no también a los demás muertos? ¿Y cómo supo que Lázaro quería volver a la vida? A lo mejor ya estaba
tranquilo, por fin, en la paz de la tumba. ¿Y para qué lo resucitó si tarde que temprano Lázaro se tenía que volver a morir? Porque no me vengan ahora con el cuento de que Lázaro está vivo. Un viejito como de dos mil años. No, Lázaro se volvió a morir y Cristo no lo volvió a resucitar. ¿Por qué esas
inconsecuencias? ¡Una sola resurrección no sirve! Si nos ponemos en plan de dar, demos; y en plan de resucitar, resucitemos. Y si resucitamos a uno,
resucitémoslos a todos y para siempre. Así a los seis mil millones de Homos sapiens que hoy poblamos la tierra les sumamos otros tantos por lo bajito.
¿Con doce mil millones no se contentará este Papa? ¿O querrá más? ¿Doce mil millones copulando sin condón cuántos producen al año? A ver, saque
cuentas, Su Santidad. ¿Dónde los va a meter? ¿En el Vaticano?
Pero esto en realidad a mí no me importa. Que se hacinen, que se amontonen, que copulen, que se jodan. A mí los que me duelen son los animales. A ver, ¿cuántos hay en los evangelios? Hay una piara de cerdos donde dizque se metió el demonio. Un camello que no pasará por el ojo de una aguja. Una
culebra símbolo del mal. Y un borriquito, en el que venía Cristo montado el domingo de ramos cuando entró en triunfo a Jerusalén. ¿Y qué palabra de
amor tuvo Cristo para estos animales? Ni una. No le dio el alma para tanto.
¡Cómo va a estar metido el demonio en un cerdo, que es un animal inocente!
A los cerdos, en Colombia, en navidad, los acuchillamos para celebrar el nacimiento del Niño Dios. Todavía me siguen resonando en los oídos sus aullidos de dolor que oí de niño. El demonio sólo cabe en el alma del hombre. ¿No se dio cuenta Cristo de que él tenía dos ojos como los cerdos,
como los camellos, como las culebras y como los burros? Pues detrás de esos dos ojos de los cerdos, de los camellos, de las culebras y de los burros
también hay un alma.
Cristo viene de la religión judía, una de las tres semíticas, a cuál más mala. Las otras son el cristianismo, que él fundó, y el mahometismo, que
fundó Mahoma. A estas dos religiones o plagas pertenece hoy la mitad de la humanidad: tres mil millones. Tres mil millones que se niegan a entender que los animales también son nuestro prójimo y sienten el dolor y tienen alma y no son cosas. Dos mil años llevamos de civilización cristiana sin querer ver ni oír, haciéndonos los desentendidos, atropellando a los animales, cazándolos por sus colmillos o sus pieles, experimentando con ellos, inoculándoles virus y bacterias, rajándolos vivos para ver cómo
funcionan sus órganos y sus cerebros, maltratándolos, torturándolos, vejándolos, enjaulándolos, asesinándolos, abusando de su estado de indefensión, con la conciencia tranquila y la alcahuetería de la Iglesia y la indiferencia de Dios. Por algo está la Biblia llena de corderos que el
hombre sacrifica en el altar de Dios regándolo con su sangre. ¿En qué cabeza cabe sacrificar a un cordero, que es un animal inocente que siente y
sufre como nosotros, en el altar de Dios que no existe? Y si existe, ¿para qué querrá la sangre de un pobre animal el Todopoderoso?
Los animales no son cosas y tienen alma y no son negociables ni manipulables y hay una jerarquía en ellos que se establece según la complejidad de sus sistemas nerviosos, por los cuales sufren y sienten como nosotros: la jerarquía del dolor. En esta jerarquía los mamíferos, la clase
linneana a la que pertenecemos nosotros, está arriba. Mientras más arriba esté un animal en esta jerarquía del dolor, más obligación tenemos de
respetarlo. Los caballos, las vacas, los perros, los delfines, las ballenas, las ratas son mamíferos como nosotros y tienen dos ojos como
nosotros, nariz como nosotros, intestinos como nosotros, músculos como nosotros, nervios como nosotros, sangre como nosotros, sienten y sufren
como nosotros, son como nosotros, son nuestros compañeros en el horror de la vida, tenemos que respetarlos, son nuestro prójimo. Y que no me vengan los listos y los ingeniosos que nunca faltan a decirme ahora, para justificar su forma de pensar y de proceder, que entonces no hay que matar
un zancudo. Entre un zancudo y un perro o una ballena hay un abismo: el de sus sistemas nerviosos.
Varias veces al año las playas de las islas Faroe (al norte de Dinamarca)se transforman en campos de matanza de ballenas. Grandes grupos de ballenas
son guiados hacia ellas y atacados desde las embarcaciones balleneras y sacrificados sin misericordia. Primero les entierran un garfio metálico de 5 libras de peso, luego les cortan la médula espinal con un cuchillo ballenero de 6 pulgadas. El gancho se lo entierran varias veces hasta que las pueden enganchar bien para empezar a cortar. Como por instinto las ballenas luchan violentamente en medio de su agonía, es casi imposible matarlas con un solo corte. Deben soportar y sufrir varios antes de morir. A los nórdicos ahora se les han venido a sumar los japoneses. ¡Los
japoneses! Los de Pearl Harbor, los que en la Segunda Guerra Mundial les hicieron a los chinos y a los coreanos ver su suerte. Ahora cazando
ballenas. ¡Cómo vamos a comparar a un japonés -que es un hombrecito bajito, feíto, amarillo, cruel- con una ballena que es un animal grande y hermoso!
Y los delfines, los otros mamíferos acuáticos, que protegen a los náufragos de los tiburones: en los últimos cuarenta años hemos matado setenta
millones.
El dolor es un estado de conciencia, un fenómeno mental y como tal nunca puede ser observado en los demás, se trate de seres humanos o de animales.
Cada quien sabe cuándo lo siente, pero nadie se puede meter en el cerebro ajeno para saber si lo está sintiendo el prójimo. Que los demás lo sienten
lo deducimos de los signos externos: retorcimientos, contorsiones faciales, pupilas dilatadas, transpiración, pulso agitado, caída de la presión sanguínea, quejas, alaridos, gritos. Pues estos signos externos los observamos tanto en el hombre como en los mamíferos y en las aves. Aunque la corteza cerebral está más desarrollada en nosotros y este mayor desarrollo es el que nos permite el uso del lenguaje, el resto del cerebro
en esencia es el mismo en todos los vertebrados pues todos procedemos de un antepasado común. Así las estructuras cerebrales por las que sentimos el hambre, la angustia, el miedo, el dolor, las emociones son iguales en nosotros que en el simio, en el perro o en la rata. ¿Cuántos millones de
simios, de perros y de ratas hemos rajado vivos para llegar a estas conclusiones?
Los genomas del gorila y del orangután coinciden en el 98 por ciento con elhumano, y el del chimpancé en el noventa y nueve. Y el ciclo menstrual de
la hembra del chimpancé es exacto al de la mujer. Ya lo sabemos, somos iguales a ellos, ¿cuánto tiempo más nos vamos a seguir haciendo los tontos?
Y los que duden de que los simios son como nosotros, mírenles las manos y mírenlos a las caras y a los ojos. No hay que saber biología molecular ni
evolutiva ni neurociencias para descubrir el parentesco. Sólo hay que abrir el alma. Y sin embargo candidatos altruistas al premio Nobel de medicina, médicos y científicos generosos, siguen experimentando con ellos, con los
chimpancés y los mandriles y los macacos inoculándoles el virus del sida dizque para producir una vacuna dizque para salvar dizque a la humanidad.
¡Mentirosos! ¡Pendejos! La humanidad no tiene salvación, siempre ha estado perdida. Que se jodan los drogadictos de jeringa y los maricas si se
infectaron de sida, suya es la culpa. Y dejen tranquilos a los simios. En la medida en que nos parezcamos a ellos no podemos tocarlos, y en la medida en que no, ¿para qué experimentar con ellos? ¿Para qué si no sienten, si son objetos, si son cosas inertes sin alma?
En el siglo XIX Pío Nono (el que convocó un concilio vaticano para elevar a dogma su infalibilidad, la infalibilidad del papa) prohibió que se abriera
en Roma una Sociedad Protectora de Animales arguyendo que los animales no tienen valor intrínseco y que lo que hacemos con ellos no tiene que ser
gobernado por consideraciones morales. Desde entonces esta inmoralidad es la norma en los países católicos. Con la conciencia tranquila, sin poner en riesgo nuestra salvación eterna, podemos cazar impunemente a los animales
para hacer teclas de piano con sus colmillos, adornos con sus caparazones y
abrigos con sus pieles; experimentar con ellos e inocularles cuantas bacterias y virus se nos antoje; encerrarlos de por vida en jaulas, practicar la vivisección en ellos, torturarlos en las galleras, en las plazas de toros y en los circos, transportarlos como bultos de cosas bajo el sol ardiendo sin importarnos su sed y acuchillarlos en los mataderos,
porque ellos no son como nosotros ni sienten el dolor. ¿En qué círculo del infierno te estarás quemando, Pío Nono, cura bellaco? ¿Me alcanzarás a oír desde abajo? En las vacas acuchilladas en los mataderos de este mundo se revive día a día la pasión de tu Cristo. El mismo dolor, la misma angustia, el mismo miedo que él sintió colgado de una cruz lo sienten ellas cuando las acuchillan, así las pobres, las humildes, no se digan hijas de Dios. Y su sangre es igual a la suya: hemoglobina roja. Todo es cuestión de bioética, un sentido que no han desarrollado en lo más mínimo papas ni
cardenales, curas ni obispos. ¿Cómo pueden ser los guías de una sociedad estos inmorales?
Los que cazan animales para quitarles las pieles, los “tramperos”, los agrran en trampas metálicas que les destrozan las patas. Luego les introducen un palo en el hocico abierto por la angustia de la agonía, y herido e inmovilizado el animal, pisándole las patas traseras lo asfixian por presión en el cuello y en la caja torácica. Toda la paciencia y la
calma para producirles la muerte sin ir a maltratar la mercancía.
¡Y los musulmanes, estos devotos de Alá! Hoy andan los iraquíes muy ofendidos con los gringos porque irrumpen en sus casas con perros a buscar
armas. ¡Con perros, qué ofensa, qué horror! Si un perro toca a un iraquí con el hocico, lo saló de por vida porque el perro es un animal sucio,
impuro. ¡Ay, tan puros ellos, tan inodoros, tan limpiecitos! Arrodillados rumbo a la Meca con los zapatos apestosos afuera y los traseros al aire. Si
supieran estos asquerosos que mis dos perras me despiertan todos los días con besos…
¡Y los indómitos afganos con los que no pudo ni Alejandro Magno, pero que cayeron en veinte días hace un año y se pusieron de moda! También son de los que ponen a pelear a los perros. ¿Por qué no pondrán más bien a pelear a sus madres estos esbirros de Alá? Que les quiten los velos y el bozal a esas viejas paridoras y que se saquen el alma a dentelladas.
Mahoma es un infame. Un sanguinario, un lujurioso. Tuvo quince mujeres: catorce concubinas y una viuda rica con que se casó para explotarla. Y este
mantenido lúbrico que ni siquiera hacía milagros, que despreciaba a los animales pero que se reproducía como ellos, propagó su religión con la
sangre y con la espada. Hoy esa espada pesa sobre medio mundo. Los ayatolas y los imanes y demás clérigos rabiosos del Islam ladran desde sus
mezquitas. Ladran, pero dizque no son perros.
Las corridas de toros, las peleas de perros, las peleas de gallos, el tráfico con los animales, las tortugas de la Amazonia convertidas en
objetos decorativos de carey y los zorros y los caimanes cazados para hacerles abrigos con sus pieles a las putas y cinturones y zapatos a los
maricas y a las respetables señoras de la más alta sociedad que van a misa los domingos. ¿Y qué dice de todo esto el Papa? ¿Por qué no excomulga a los
que participan en esos espectáculos infames? ¿Y a los maestros de biología que practican la vivisección y rajan sapos vivos en las escuelas dizque
para enseñarles a los niños el funcionamiento del sistema nervioso? ¿Y a los que torturan animales en los circos? ¿Por qué no dice nada de las vacas
y los toros y los terneros y los cerdos acuchillados en los mataderos? El que viaja en jet privado y habita en palacios y castillos atendido como un
rey con Guardia Suiza no dice una palabra. No levanta su voz. Calla. Este Papa besapisos es un alcahueta de la infamia. Y se entiende, es el derecho canónico, es su Iglesia, su tradición, la de Pío Nono, el infalible. Hoy le pide perdón a Galileo, al que iban a quemar vivo en una hoguera, porque la tierra siempre sí resultó girando en torno al sol, y a los protestantes y a los musulmanes y a cuantos combatió y masacró su Iglesia. Ya vendrá otro
como él cuando el actual se muera a pedir perdón por las iniquidades y las irresponsabilidades de éste.
Dios no existe. Dios es un pretexto, una abstracción brumosa que cada quien utiliza para sus fines y acomoda a la medida de su conveniencia y de sus
intereses. Caprichosa, contradictoria, arbitraria, inmoral, la religión cristiana no tiene perdón del cielo, si es que el cielo es algo más que el
atmosférico. Una religión que no considera a los animales entre nuestro prójimo es inmoral. Por inmoral hay que dejarla. A los que están en ella no
les pido, sin embargo, que la dejen porque ya sé lo que es el vacío de la vida y el espejismo del cielo y la fuerza de la costumbre. Pero entonces
sean consecuentes y aprendan de Cristo: no se reproduzcan, así como él no se reprodujo; y absténganse de la cópula con mujer, así como él se abstuvo.
El 1º de septiembre de 1914 a las 5 de la tarde murió la última paloma migratoria en el zoológico de Cincinnati. Ya acabamos con las palomas
migratorias, con el tejón rayado, con la musaraña marsupial, con el potoro de Gaimard, con el kanguro-rata achatado, con el balabí de Toalach, con el lobo de Tasmania, el bisonte oriental, el bisonte de Oregón, el carnero de Canadá, el puma oriental, el lobo de la Florida, el zorro de orejas largas, los osos Grizzli, el asno salvaje del Atlas, el león de Berbería, el león de Caba y el león de Cuaga, la cebra de Burchell y el blesbok. Ya no
existen más, a todos los exterminamos. ¡Qué bueno, benditos sean! ¡Qué bueno que se murieron y se acabaron! Especie que se extingue, especie que deja de sufrir, especie que no vuelve a atropellar el hombre. ¡Y que se jodan los ecologistas que ya no van a tener bandera para que los elijan al
parlamento europeo! Al ritmo a que vamos dentro de unos años este planeta estará habitado sólo por humanos. Entonces no tendremos qué comer, y en
cumplimiento de nuestra más íntima vocación nos comeremos los unos a los otros. ¿Y el papa, qué va a comer? ¡Que coma obispo!
El hombre no es el rey de la creación. Es una especie más entre millones que comparten con nosotros un pasado común de cuatro mil millones de años.
Cristo es muy reciente, sólo tiene dos mil. Al excluir a los animales de nuestro prójimo Cristo se equivocó. Los animales, compañeros nuestros en la
aventura dolorosa de la vida sobre este planeta loco que gira sin ton ni son en el vacío viajando rumbo a ninguna parte, también son nuestro prójimo
y merecen nuestro respeto y compasión. Todo el que tenga un sistema nervioso para sentir y sufrir es nuestro prójimo.
Gracias a Venezuela por el premio que me da, y por haberme escuchado y concedido el privilegio de hablar desde esta tribuna, una de las más altas
de América.
                                                                                                                    Fernando Vallejo

12 responses

8 07 2007
Lucy Bader

Estoy totalmente de acuerdo con usted sr. Vallejo en lo que respecta a la tortura de los pobres animalitos. Pero no puedo dejar de expresarle mi rechazo respecto a los insultos a Dios. Yo creo firmemente en El. Que culpa tiene Dios si los dizque “hombres de la Iglesia” han hecho todo lo que han hecho? Si es tan sensible para con nuestros semejantes los animalitosn no sea tan duro con Dios todopoderoso. Yo, como usted, tampoco le tengo mucha simpatía, o mejor dicho, ninguna simpatía a los curitas, pero de que Dios existe, si existe. Tengo purebas fehacientes de ello. Yo que he sido una persona completamente escéptica le aseguro que sí existe.

No me siento satisfecha con lo que hacemos con nuestros pobres animales, con la poca ayuda que les damos no basta. Pero ahi seguiremos.

25 11 2007
ADRIAN

SR VALLEJO,A IGUAL Q LA SRA LUCY,ESTOY EN TOTAL DESACUERDO CON UD,RESPECTO A LA OPINION QUE TIENE DE DIOS,HE LEIDO ALGUNAS DE SUS OBRAS EN VARIAS OCASIONES,Y DEJEME DECIRLE QUE NO HAY NINGUNA EN LA QUE NO INSULTE LA FE DE LAS PERSONAS QUE CREEMOS.TAMBIEN HE TENIDO LA OPORTUNIDAD DE VISITAR VARIOS LUGARES DEL MUNDO CON DISTINTAS CREENCIAS Y PERSPECTIVAS DE LA RELIGION QUE NO HAN HECHO OTRA COSA MAS QUE SEPARAR LA HUMANIDAD,SIN EMBARGO DIOS ES EL MISMO PARA TODOS INDEPENDIENTEMENTE DE SUS PROFETAS.TODOS NESECITAMOS ALGO EN QUIEN CREER,O ACASO PIENSA UD QUE ESTAMOS DE RELLENO EN ESTE ESPACIO INSIGNIFICANTE DEL UNIVERSO QUE LLAMAMOS TIERRA.AHH Y YO TAMBIEN TENGO PERRO,,

25 05 2008
laura

bueno me encantan las orcas!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

29 08 2008
Carlos Bruera

Sr vallejo: Comprendo su pensamiento y lo rescato,ya que pienso exactamente igual sobre el derecho de los animales y su capacidad para sentir,pensar y sufrir.Los animales para mí,son mis hermanos,mis hijos,mis amigos.El tema religioso es una cuestión de fe,y respeto la fe de las personas cualquiera sea si eso le ayuda a vivir.Respecto a lo escrito en los textos religiosos hay que tomarlo con pinzas,porque si hablamos de Jesucristo nunca escribió nada,todo lo escribieron hombres como nosotros con sus creencias personales de dudosa veracidad.Nadie discute que haya sido un gran hombre y que haya hecho muchas cosas por su ideal del bien,y no creo que una persona de sus cualidades no haya pensado en todos los seres de la creación,más bien pienso que sus discípulos omitieron todo aquello que para ellos carecía de interés.Una sola cosa le critico a usted señor vallejo:Su pensamiento fascista,sobre el trabajador,los habrá vagos,pero los hay también víctimas de esta sociedad “patronal” que usted parece defender,y también son “animales”no se olvide de eso,”la sensibilidad no puede ser discriminatoria,se es sensible o no se es” Le saludo cordialmente Carlos Bruera Argentina

20 09 2009
guiomar avila navajas

Sr. Vallejo
soy una ferviente admiradora de sus libros, me fascino la Puta de Babilonia, lo lei dos veces porque contiene muchos datos historicos y no queria perderme de ninguno, coincido con Usted, de la maldicion de las religiones monoteistas, disfrute tanto su libro, no tiene idea de cuanto ayudo a reafirmar mi ausencia de fe en esa decrepita iglesia catolica y a darme cuenta que es mejor creer en los animales y en la naturaleza que en la fe catolica. soy fanatica de los animales, respeto mucho lo que Usted hace, me encantaria poder conocerlo, aunque sea por chat, es increible cuanto sufre un animal en el tercer mundo, en mi pueblo Tarija Bolivia, la alcaldia ha dado una orden de matar a los perros vagabundos es una pelea injusta e imposible concientizar, de que la unica manera de evitar tanto perrito en la calle es la esterilizacion, estoy frustrada porque es gente tan tonta si existe la reencarnacion ojala se reencarnen en unas cucarachas para que los aplasten. Que maravilla encontrar esta pagina con su discurso.
Le saludo desde Tarija Bolivia
Su fiel admiradora.
Guiomar

15 09 2011
Juan

Maestro Fernando. Comparto muchísimo su pensamiento en general. Creo que sería una importante evolución de la sociedad reconocer los derechos de los animales y también un control de la natalidad por parte del gobierno. La gente se queja del hambre, la delincuencia, el hacinamiento…pero no está dispuesta a reducir la reproducción masiva. Si queremos mejorar hay que plantearse esto cuanto antes.
Saludos!

26 01 2013
Anónimo

señor fernando vallejo lo felicito por su defensa hacia seres tan especiales como lo somos nosotros los animales creados por un Dios unico y omnipotente capas de crear seres como usted con aciertos y errores

29 01 2013
edinson

Gracias Don Fernando por su escrito.
Sepa que siempre he valorado a aquellas personas que se han convertido en verbo y no sustantivo como dice la canción de Arjona ´¨ VERBO PARA DEJARSE CONJUGAR¨

Los seres humanos se han olvidado que todo en nuestro planeta esta conectado y lo que hacemos es separar esas relaciones tan especiales que tenemos nosotros los humanos con otras especies las cuales hemos irrespetado ayudados por astutas filosofías que han hecho de la pobre humanidad unos títeres.
Las filosofías no se han dado cuenta cosa que no lo creo de la gran oportunidad que han tenido para hacer de nuestro planeta un espacio mejor en convivencia con otras especies. un saludo para usted EDINSON

13 10 2014
Itzel Gómez

Conozco poco del Sr. Vallejo, pero el simple hecho de tener la valentía y la honestidad de defender frente a muchosss a los animales, a sus derechos a la vida y a la compasión, ya hace de él, un ser humano especial. No soy muy conocedora de la Biblia, pero si sé que fue escrita por hombres, dudo mucho de lo ahí escrito, pero Dios existe, lo sé, y créame que muchas veces me he preguntado el por qué deja que sufran tanto estos seres inocentes que son todos los animales……mmmmmm, realmente no lo sé.
Sólo quiero externarle mi admiración ante su defensa por los animales, y decirle que yo como Profesora estoy trabajando desde mi “trinchera”, para crear un poco de conciencia en las futuras generaciones, un poco de más humanidad (como Ud. dice), hacia los seres indefensos, sin voz, pero que claman con su mirada justicia y compasión ante su sufrimiento. Gracias por este discurso, el leerlo realmente me movio el alma-

7 04 2015
Andrea

Que palabras mas ciertas, en nombre de sus putos dioses los hijos de putas se la pasan torturando.
Pobre pendejo el que afirma tener pruebas de dios, me he dado placer sobre sus pruebas ( su bibliucha ) y nada que sale el poca cosa…

6 02 2016
HERMOGENES MEJIA POSADA

ESTUPENDO. TIENES UN HALO DE HUMANA SENSIBILIDAD. GRACIAS

30 05 2016
Anónimo

Pobre hombre dios lo bendiga le mando amor y paz.

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